Fraude en la carne ¿cómo me fío?

5 pautas básicas para no caer.

 

Este es el enésimo caso que sale a la luz de una empresa que dice vender algo que no es:

http://www.elmundo.es/sociedad/2017/05/15/59197eace2704ec33f8b45d1.html

http://www.elmundo.es/cronica/2017/05/24/59219b52e5fdeaf9758b460b.html

Fueron las vacas locas, la fiebre porcina, las dioxinas de los pollos, la carne de caballo en vez de vacuno, la carne de vacuno en vez de buey, y ahora la carne de cerdo en vez de vacuno.

¡Ya está bien! Vivimos en un mercado, un sistema financiero y una sociedad que se rige por una máxima: la ‘confianza’. Mientras exista confianza, el sistema se sostendrá.

Porque pillos siempre los han existido en todos los lados; defraudadores y pícaros abundan en un sistema de consumo desbordado en donde intentan hacer su agosto a costa del consumidor final. Eso sí, cuando les pillan dicen que es un error puntual de etiquetado y se lavan las manos, pero la realidad es que es un fraude en toda regla. Y también dicen que no hay para tanto, que no supone ningun riesgo a la salud….en fin.

En esta breve nota del Blog lo que queremos es daros 5 pautas básicas para evitar caer en las redes de lo ‘tramposos’ y transmitir un mensaje de calma puesto que son la mayoría los que trabajan bien y cuidan por un producto responsable.

 

  1. Ecuación PROXIMIDAD-VOLUMEN: Cuántas veces hemos oido aquello de que hay que comprar producto de proximidad para ayudar a la economia local, fomentar la sostenibilidad y reducir el impacto medioambiental. Pues bien, además de todo eso, un producto de proximidad tiene a ser elaborado en pequeñas cantidades, sin necesidad de conservantes ni aditivos y ofreciendo una calidad y frescura sin igual. El comercio de proximidad es algo que está volviendo y es un garante de calidad. Por lo contrario, las empresas que mueven grandes volumenes, descentralizan sus producciones y les cuesta más resistirse al mundo de los aditivos y procesos de conservación que restarán calidad nutricional y organoléptica a tu producto. Aunque cierto es que las grandes empresas tienen sistemas de calidad muy bien instaurados para evitar fraudes como los vividos en las carnes, nos encontraremos con fraudes ‘legales’ enmascarados con un buen marketing mientras que el productor de proximidad carece de las herramientas para edulcorar y vestir su producto de algo que no es.
  2. Marcas Blancas: Las marcas blancas destacan por ofrecer productos de consumo recurrente a precios más bajos. Pues bien, hay que mirar quien es el fabricante en la etiqueta y si es de confianza. El caso con el que iniciabamos la notícia, hacían marca blanca, y a veces te apretan tanto en precio, que has de jugar con la calidad para no perder dinero. El propio concepto se carga el producto.
  3. Duros a 4 pesetas: está expresión de la extinta moneda y que repiten tanto aun nuestros padres, es una verdad como un templo. El precio de un producto suele ser un buen indicador de la calidad. Pero no siempre. Hay empresas que se aprovechan de ello para marginar mucho más. Un ejemplo claro lo tenemos en nuestra categoría de snacks cárnicos en donde el Jerky que cuesta la mitas de producir que el biltong, se posiciona más caro llevandose un margen mucho mayor y dando la sensacion de que es ” mejor” que el biltong, cuando es completamente lo contrario. Son casos contados en los que empresas preferimos ganar muy poquito, en favor de hacerlo asequible al consumidor 🙂
  4. Lee bien las etiquetas: Hay mucha más información de lo que parece. Obviamente nos pueden engañar y etiquetar mal, pero la ley de etiquetado nutricional pretende ayudar al cliente final. Tan sólo hay que prestar un poco de atención. Por ejemplo, no todas las hamburguesas son iguales. Las llamadas “Burger Meat” son hamburguesas más saborizantes añadidos artificiales (“sabor a”…) mientras que las hamburguesas CON ajo y pimientos son más naturales porque el sabor es natural de los alimentos propios, y no añadidos. Otra información relevante es el origen de la carne: en el ovalo sanitario teneis las 2 primeras letras que os indican el lugar de origen de elaboración. Apostar por productos de proximidad reducirá el riesgo de malas praxis en la producción.
  5. Productos procesados: apostar por productos no procesados o minimamente procesados. Cuanto más procesado, más posibilidades de realizar “alteraciones” no deseadas; además que optarás a productos más saludables y posiblemente proteína de mejor absorción/calidad.

 

Esperamos que os haya sido útil la noticia.

Podeis escribirnos a hola@sasanabiltong.com para cualquier duda, aportación o aclaración.

 

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